Me invade una sensación de profundo malestar. En un primer momento e inexplicablemente tengo un frío insoportable y comienzo a tiritar. Duele mucho y de una forma extraña: se trata de un escozor helado que me hace retorcerme.
Luego viene el miedo. Miedo a la nada. Terror. Los temblores son más fuertes ahora. No pienso, simplemente tengo un pánico atroz. Durante unos segundos daría cualquier cosa por el abrazo de esa persona. No nos conocemos, pero hoy su rostro materializa esa amistad sensorial, única y absoluta llamada amor.
Me mareo, parece que voy a vomitar… pero no ocurre. Me tumbo en la cama y cierro los ojos, mis sienes se humedecen. Aprieto los dientes. Ahora viene la parte jodida. Ésa en la que mi cabeza quiere recuperar los capítulos críticos de mi biografía global, analizar los acontecimientos desconocidos, repetir las palabras más crueles una y otra vez, también las bonitas… Todo en un esfuerzo inútil por establecer causas y consecuencias de lo que no existe.
Poco a poco el cuerpo recupera su temperatura. Comienzo a respirar con normalidad y congelo mi mente. Con la garganta infectada me entrego a una tristeza muda. Es tenaz y agotadora. Me destroza. He caido hasta el fondo, ahora escalo hacia la superficie: no hay otro camino.
Sé cómo acabará esto. Sé que se repetirá. Y que no habrá nadie. Sé que el mundo está lleno de personas con este puto frío. Terrorífico y cruel. Pero no me consuela. No puedo encontrar respuestas, así que busco las preguntas. Desesperadamente.
2 enero, 2012
Categorías: Uncategorized . Etiquetas:ansiedad, desamor, melancolía, tristeza . Autor: meryvalgreen . Comentarios: Dejar un comentario